viernes, 8 de enero de 2010

Katsushika Hokusai
















El arte japonés deriva del chino, pero además de adaptarlo, se distingue en ciertas técnicas como el metal y tejidos, hasta el punto de superar a sus maestros.
El gusto por la novedad coexiste con el espí­ritu conservador, como demuestra el que en ningún país del mundo existe un equivalente del Tesoro de Shosoin, dedicado al gran Buda del Monasterio de Todai-ji en Nara, en 756. Compuesto principalmente por los bienes del emperador Shomu, contiene más de 3.000 objetos de todas las técnicas artísticas y ha sido meticulosamente conservado desde el s. VIII a través de la historia.
Dos caracteres esenciales del arte japonés son, por una parte el gusto innato extendido entre las distintas clases de la población, y no restringido a una élite, y por otra parte el amor a la natura­leza, que ha dado lugar al arte del ikebana y al de los jardines, y se manifiesta en la ornamentación de los objetos artísticos e, incluso, en la ausencia de decoración: ciertos objetos de barro sin adorno alguno son voluntariamente rugosos y bastos para darles un aspecto natural semejante al de las rocas. El estilo japonés se caracteriza por una asi­metría voluntaria en el adorno, por el gusto por el material bello, la capacidad de síntesis, la repetición de los motivos y la ausencia de profundidad en el adorno para que resalte la superficie. Hay que destacar la impor­tancia de la introducción del budismo en el arte, en el año 552. El arte japonés manifiesta su verdadera originalidad con la creación de las linternas de piedra que jalonan los jardines de entrada de los templos.

Evolución del arte japonés:
- Período Jomon (aprox. 7000 hasta el s. III a.C.).
- Período Yayoi (s. III a.C. hasta el III ).
- Época de las Grandes Sepulturas (fines s. III, hasta 537).
- Primer periodo de estilo chino. Período Asuka o Suiko y Hakuho (538-­709).
- Segundo período de estilo chino. Periodo Nara (710-793).
- Comienzo de la cultura nacional. Período Jogan (794-893).
- Arte de Corte. Período Fugiwara (894-­1184).
- Época caballeresca. Período Kama­kura (1185-1333).
- Cultura militarista bajo la influencia Zen. Período Muromachi (1334-1572).
- Período Momoyama (1573-1614).
- Arte para los samuráis y los merca­deres. Período Edo o Tokugawa (1615­-1867).
- Arte Moderno. Período Meiji (1865­-1911).

La pintura japonesa no comienza a manifestar su personalidad fren­te a la china hasta que Japón, en el s. X, interrumpe sus comunicaciones con el continente, abandona los temas búdicos y se dedica a representar los suyos propios, como la flor del ciruelo y la del cerezo, símbolo japonés de lo transito­rio de la belleza de las cosas. De esta etapa no se conservan biombos, biobu, ni puertas corredizas, fusuma, pero sí un centenar de rollos. De esa primera fase son las escuelas de Yamato, Kasuga y Tosa.
En el s. XIV, restablecidas las comunicaciones con China, el pin­tor Mokuan aprende allí la pintura con tinta y el estilo del paisaje académico Sung del Sur. A fines del s. XV se crea la escuela Kano, llamada así por su fundador Kano Masanobu (1530) y su hijo Kano Moto­nobu (1559) que introduce el estilo chino del período Sung con paisajes de montañas, nubes, nieblas y cascadas en las diversas estacio­nes del año. Su obra maestra es un Paisaje propiedad del conde Date de Kyoto. Casado con la hija de Tosa Mitsunobu (1522), representante de la tradición japonesa de la escuela Yamato, la boda aporta a la escuela de Kano, la oficial durante doscientos años, los temas japoneses y su sentido decorativo. Tanto la escuela de Tosa como la de Kano conser­van su actividad hasta el s. XVIII.
A fines del s. XVII Kaigetsudo Ando crea un tipo de bellas jóve­nes, que debido a su gran éxito se populariza por medio del grabado en madera. En el s. XVIII, gracias al empleo de varios tacos, llegan a imprimirse estampas en siete y ocho colores.
A mediados de ese siglo se deja ya sentir la influencia europea, y el sentido realista es cada vez más poderoso. El principal representante de esa nueva era es Hokusai, dibujante infatigable durante su larga vida. En el gran kakemono de seda del Museo Británico, muestra un tema de la epopeya japonesa, pero donde manifiesta toda su personalidad es en sus grabados en madera. El segundo gran maestro de esta última fase de la pintura japonesa es Ando Hiroshigue (1858), consi­derado el paisajista más avanzado. Menos original, sus paisajes son más poéticos y de colo­rido más realista.
La pintura decorativa existe desde el período Nara con los frescos del kondo del Horiu-ji, destruidos casi por completo por un incendio en 1949. Se trata de figuras búdicas policromas de estilo lineal muy elegante, que atestiguan una inspira­ción india y una analogía con los frescos de Tuen Huang. Estas pinturas son de comienzos del s. VIII.
En la pagoda de Daigo-ji, en Kyoto, hay una gran pintura decorativa en paneles de madera, también con figuras búdicas, del período Fugiwara. Esta obra, de estilo más japonés, es del año 951. En Byodo-in, cerca de Kyoto, hay más pin­turas en paneles de madera. El edificio, lla­mado Pabellón del Fénix, antigua resi­dencia del primer ministro Fugiwara, transformado en templo por el hijo de éste hacia el año 1000, está decorado con pinturas de temas búdicos, con los cuerpos en amarillo claro y vestidos y bandas en púrpura, naranja, azul y verde. La aureola está hecha con una decoración floral recortada en una lámina de oro. En cuanto a la época Kamakura, fines del s. XII, la decoración de cielos, paredes y columnas de madera del templo de Amida en Hokai-ji, pintada sobre laca, se compone de temas búdicos, principalmente apsaras en vuelo, cuyas líneas fluidas sugieren una nueva influencia china.
La pintura mural, que apenas existe puesto que las paredes se substituyen a menudo por mamparas, es reemplazada por la pintura de biombos. El ejemplo más antiguo es un biombo de papel de seis hojas, del año 752 (en Shosoin), que representa Las bel­dades bajo los árboles, tres sentadas y tres de pie, realizadas con tinta china y realzadas con colores de tintas planas.
Destaca el sen­tido del movimiento, pero también una inspiración china muy acentuada.
De los períodos Muromachi y Momoyama (s. XVI-XVII) destacan dos biombos pintados a la aguada sobre papel. Uno, realizado por Kano Eitoku (1543-90), miembro de la escuela Kano, es un biombo de la colección imperial, de seis hojas, que representa los Leones chinos, pin­tados en marrón y verde sobre fondo de oro, tienen un aspecto altivo y decidido, que, junto con su pelaje abo­rregado, les da un relieve exagerado. El otro, de Kaiho Yusho (1595-1600), se conserva en el templo Myoshin-ji de Kyoto. Se ven peonías blancas y rosas abriéndose sobre un rico fondo de oro, mientras en la base aparecen rocas negras y verdes. En el famoso biombo del Museo Nezu, de Tokio, pintado por Korin (1658-1715), las flores, de dos tonos de azul, y las hojas verdes se alzan con elegancia sobre fondo de oro. Es original por el ritmo ondulante de la composición, en la que sus flores centelleantes y realistas combinan con el fondo sun­tuoso de una superficie lisa. Un par de biombos de seis hojas, del mismo autor, en el Museo de Cleveland, representan dos crisantemos en el borde de un torrente. Por sus dimensiones, estas piezas, que miden entre 3,50 y 5m de largo por unos 2 de alto, pueden ser asimiladas a pinturas murales.
Hokusai
Pintor y grabador del período Edo de pintura japonesa, considerado el máximo exponente de la escuela Ukiyo-e (pinturas del mundo flotante). Las líneas curvas trazadas con gran soltura, características de su estilo inicial, fueron evolucionando gradualmente hacia una serie de espirales que añadieron una libertad y elegancia aún mayores a su obra.
Nació en 1760 en el distrito de Honjo, al este de Edo, actual Tokio. Desde los cinco años, desarrolló su vocación por el dibujo y la pintura en el taller de Nakajima, un prestigioso artesano que lo adoptó. A los 15 años entró como aprendiz de grabador en un taller y en el año1778, con 18 años, se convirtió en discípulo del maestro de la escuela Ukiyo-e, Katsukawa Shunsho, con el que aprendió la técnica del grabado con planchas de madera. Publicó sus primeros trabajos al año siguiente, invitaciones impresas para el teatro Kabuki, ya que se habia especializado en el retrato de actores.
A los 20 años sus diseños recogen actores y mujeres en ambientes históricos y en jardines utilizando la técnica Uki-e. Los trabajos en el género Surimoro durante la década siguiente, marcaron uno de los puntos culminantes de su carrera. El género Surimoro se utilizaba en la publicación de tarjetas para felicitaciones, para anunciar programas musicales, avisos, etc., en ediciones limitadas con una impresión perfecta y la más alta calidad.
En 1797, a los 30 años, muerta su jóven esposa, se volvió a casar y adoptó el nombre de Hokusai. Este cambio de nombre marca el inicio de la edad de oro de su trabajo. Su obra en este periodo cubre toda la gama del arte Ukiyo-e: tarjetas, Surimono, libros ilustrados, ilustraciones de antologías de versos, libros eróticos, pinturas a mano o libros de bocetos, aunque en algunas ocasiones compitió con Utamaro, el mejor grabador de imágenes femeninas. A finales del siglo introduce la técnica de la perspectiva y el colorido occidental.
A partir del sigloXIX comienza la ilustración del yomihon, novelas históricas. Bajo su influencia, su estilo sufre cambios importantes, perdiendo en delicadeza al prestar mayor atención a los temas clásicos tradicionales, especialmente la representación de samurais o temas chinos, alejándose asi de la escuela Ukiyo-e.
En esta nueva etapa sus impresiones e ilustraciones cosechan gran éxito y fama, siendo incluso convocado a mostrar su arte ante el shogun en un enorme mural de 200 m2 con figuras mitológicas.
Hokusai trabajó hasta su muerte, a los 89 años, en1849. Era un artista enérgico que se levantaba temprano y pintaba hasta la noche. De los miles de libros e impresiones de Hokusai, destacan sus Treinta y seis vistas del Monte Fuji (Fugaku sanjurokkei), publicadas entre 1826 y 1833, que marcaron un hito en la impresión japonesa de paisajes. La grandeza del diseño y la habilidad de la ejecución no había sido alcanzada antes.
En las obras de su última época utiliza pinceladas amplias cortadas y una técnica de color más sombría. Entre las más conocidas figura el cuaderno de dibujos en 13 volúmenes Hokusai manga, comenzado en 1814. Hokusai impresionó a artistas, críticos y amantes del arte occidentales. Desde mediados del siglo sus grabados, como los de otros artistas japoneses, llegan a a París, donde se coleccionan con entusiasmo, en especial por maestros impresionistas de la talla de Claude Monet, Edgar Degas o Henri de Toulose- Lautrec, cuya obra tiene una profunda influencia de sus grabados.

1 comentarios:

walter dijo...

hola manu, he perdito tu numero. tienes un correo electronico?
walter